Luego de hacer referencia a una primera hipótesis que sostiene que el poker tiene sus antecedentes en Oriente, España, Francia y Alemania, y aludir también a una segunda hipótesis que ubica los orígenes del juego tal cual lo conocemos actualmente en Inglaterra, debemos acordar en que ambas posturas coinciden en la importancia de Norteamérica en el desarrollo del poker.
En la actualidad se sabe que en 1829, en Nueva Orléans, el juego se jugaba con una baraja de 20 cartas y que consistía en apostar cuál era la mano de cartas con mayor puntuación en una mesa con cuatro jugadores. Uno de los historiadores más importantes del poker, Jonathan H. Green, describe como se expandió el juego por todo el país, a través de los viajes en barcaza por el Mississippi, en los cuales era el entretenimiento más popular.
En el Lejano Oeste era considerado un juego de hombres, y se jugaba en los saloons, tal como podemos ver en tantos westerns. Con la llegada del ferrocarril, los vagones se convirtieron en improvisadas salas de juego
A principios del Siglo XX, el poker comenzó a coquetear con la clandestinidad cuando se lo declara ilegal en Nevada por ser un juego de azar. Sin embargo, el estado de California determinó que las normas en contra de los juegos de azar no podían ser aplicados al poker, ya que la complejidad de sus estrategias hacían que la habilidad fuera más importante que la suerte. Esta decisión influyó en las autoridades de Nevada, que decidieron legalizar el juego en los casinos desde 1931 hasta la actualidad.



